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Gabriela Mistral 3562

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La Palabra de Dios no considera que alguien es cristiano a menos que haya nacido de nuevo (Juan 3:3), experimentando así el milagro de la salvación, “pasando de muerte a vida” (1 Juan 3:14), “renaciendo para una esperanza viva” (1 Ped. 1:3) y reflejando la obra de Dios en su vida (Ef. 2:10; 2 Cor. 5:15-17; 1 Ped. 1:3-11).

Aquel que no nace de “voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13), es añadido por el Señor mismo a la Iglesia (Hech. 2:47).


Por esto tenemos la certeza que debemos predicar el evangelio de forma clara, ya que éste es el medio escogido por Dios para salvar a los pecadores (1 Cor. 1:18,21; Mar. 16:15).

Cualquier otro medio o mensaje de “palabras persuasivas de humana sabiduría” (1 Cor. 2:4), por más atrayente, moderno o fácil de oír por todos que parezca, lo único que formará es un grupo de personas con “religión vana” (Sant. 1:26) que imaginan ser cristianas pero que un día oirán la voz de Dios diciéndoles: “nunca os conocí” (Mat. 7:21-23).

Mientras, nosotros seremos vistos por Aquel “que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 Ped. 4:5), como “obreros fraudulentos” (2 Cor. 11:13) que usamos a otros como un medio para nuestros fines personales (2 Pedro 2:3), “falsificando la Palabra de Dios” (2 Cor. 2:17), prefiriendo “adular a las personas” (Judas 16) para quedar bien con ellas y así llenar nuestros templos.


Por todo esto nuestra firme convicción es: Solo “el evangelio es poder de Dios para salvación” (Rom. 1:16). “Ay de nosotros si no predicamos el evangelio” (1 Cor. 9:16).

Esto incluye la enseñanza del aborrecimiento de Dios por el pecado (Sal. 5:5; Sal. 7:11), el anuncio del juicio de Dios a los pecadores (Rom. 1:18), la incapacidad del hombre de huir por sí mismo de esta justa condenación (Rom. 3:9-18), la exhortación al arrepentimiento inmediato (Hech. 17:30), y las buenas nuevas de salvación en Cristo por medio de su muerte y resurrección (Juan 3:16; Juan 11:25).

Si genuinamente amamos a aquellos que aun están perdidos, ¿cómo no les hablaremos claramente el único mensaje que puede transformar sus vidas eternamente? (2 Corintios 12:15; 2 Timoteo 2:10).


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