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Quisiéramos contarte algunos de los fundamentos de Iglesia Bíblica Missio:


- Somos una Iglesia centrada en Dios (Romanos 11:36).

La razón primordial de nuestra existencia como congregación se centra en el reconocimiento de que:

1. le debemos nuestra existencia y salvación a Dios (Ap. 4:11; Heb. 2:10)

2. absolutamente todo bien necesario proviene cada día de EL (Heb. 1:3; Sant. 1:17)

3. EL es la única meta lógica, justa y verdadera de todo lo que existe (Col. 1:16; Rom. 12:1)

4. por tanto vivimos para adorarle (1 Ped. 2:19; Juan 4:23; Juan 7:18)


- Impulsados por todo esto podemos entender a través de las Escrituras que nuestra labor cotidiana como congregación se sintetiza en 3 puntos:

1. Salvación

La Palabra de Dios no considera que alguien es cristiano a menos que haya nacido de nuevo (Juan 3:3), experimentando así el milagro de la salvación, “pasando de muerte a vida” (1 Juan 3:14), “renaciendo para una esperanza viva” (1 Ped. 1:3) y reflejando la obra de Dios en su vida (Ef. 2:10; 2 Cor. 5:15-17; 1 Ped. 1:3-11).

Aquel que no nace de “voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13), es añadido por el Señor mismo a la Iglesia (Hech. 2:47).


Por esto tenemos la certeza que debemos predicar el evangelio de forma clara, ya que éste es el medio escogido por Dios para salvar a los pecadores (1 Cor. 1:18,21; Mar. 16:15).

Cualquier otro medio o mensaje de “palabras persuasivas de humana sabiduría” (1 Cor. 2:4), por más atrayente, moderno o fácil de oír por todos que parezca, lo único que formará es un grupo de personas con “religión vana” (Sant. 1:26) que imaginan ser cristianas pero que un día oirán la voz de Dios diciéndoles: “nunca os conocí” (Mat. 7:21-23).

Mientras, nosotros seremos vistos por Aquel “que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 Ped. 4:5), como “obreros fraudulentos” (2 Cor. 11:13) que usamos a otros como un medio para nuestros fines personales (2 Pedro 2:3), “falsificando la Palabra de Dios” (2 Cor. 2:17), prefiriendo “adular a las personas” (Judas 16) para quedar bien con ellas y así llenar nuestros templos.


Por todo esto nuestra firme convicción es: Solo “el evangelio es poder de Dios para salvación” (Rom. 1:16). “Ay de nosotros si no predicamos el evangelio” (1 Cor. 9:16).

Esto incluye la enseñanza del aborrecimiento de Dios por el pecado (Sal. 5:5; Sal. 7:11), el anuncio del juicio de Dios a los pecadores (Rom. 1:18), la incapacidad del hombre de huir por sí mismo de esta justa condenación (Rom. 3:9-18), la exhortación al arrepentimiento inmediato (Hech. 17:30), y las buenas nuevas de salvación en Cristo por medio de su muerte y resurrección (Juan 3:16; Juan 11:25).

Si genuinamente amamos a aquellos que aun están perdidos, ¿cómo no les hablaremos claramente el único mensaje que puede transformar sus vidas eternamente? (2 Corintios 12:15; 2 Timoteo 2:10).


2. Edificación

Una vez que alguien genuinamente fue “librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino del amado Hijo de Dios” (Col. 1:13), comienza la obra de la Iglesia de “edificación”.


La Iglesia no fue instituida por Dios para el entretenimiento de los creyentes. Menos para mantener entusiasmadas u ocupadas a personas que nunca han nacido de nuevo pero que no queremos que dejen de asistir a la congregación.

La tarea de la Iglesia local es “la edificación del cuerpo de Cristo, el perfeccionamiento de los santos para la obra del ministerio” (Ef. 4:11,12; 2 Tim. 3:16,17), “instruyendo en justicia” (2 Tim. 3:16), “estimulándonos unos a otros al amor y a las buenas obras” (Heb. 10:24,25), formando discípulos que lleven fruto que glorifique a Dios (Juan 15:8; Mat. 28:18-20).

Para esto el mandato delante de Dios es que sea expuesta la Palabra en cada reunión “con toda paciencia y doctrina” (2 Tim. 4:1,2), “hablando lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1) y haciendo que “la Palabra del Señor corra y sea glorificada” (2 Tes. 3:1); los líderes deben ser “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12); los que ministran deben “ministrar conforme al poder que Dios da para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo” (1 Ped. 4:11), teniendo “comunión unos con otros” (1 Juan 1:7), “anunciando a Cristo, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre con toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28), trabajando en esto hasta el cansancio (Col. 1:29; 1 Tim. 4:10).

Sabiendo que nos ha sido confiada la tarea de “sembrar” y “regar” y confiando que Dios es quien “da el crecimiento” (1 Cor. 3:6,7).


3. Misión

La obra de la Iglesia de edificación, si fue hecha “legítimamente” (2 Timoteo 2:5), siempre conducirá a los creyentes a la acción (1 Juan 3:16-18; Sant. 2:14-26).


Como Iglesia, como cuerpo de Cristo, no existimos para nuestro propio egoísmo y comodidad. Tenemos una misión específica en este mundo (1 Ped. 2:9; Juan 20:21; Fil. 2:15).

Esta es la razón de nuestro nombre: “Missio”.

“Missio” es una palabra en latín que significa “enviar”, “misión”.

Es un término que algunos cristianos de los primeros siglos usaban para describir sus reuniones.

Cada reunión, para ellos, no se trataba de darle a la gente lo que quería para que vuelvan el domingo siguiente, ni de una nueva discusión teológica para alimentar su orgullo intelectual.

Cada reunión era una “missio”. El envío a una misión determinada.


Allí donde Dios nos puso, conforme a nuestro llamado y las capacidades y recursos que Dios nos dio (1 Cor. 4:7), cada cristiano está en misión.

Al ser salvado por pura gracia (Ef. 2:8,9) y edificado en la fe (Jud. 20), el seguidor de Cristo ahora ya “no mira por lo suyo propio, sino también por lo de los otros” (Fil. 2:4) y “da su vida por sus hermanos” (1 Juan 3:16), sabiendo que al hacerlo está amando a Cristo (Mat. 25:31-46).


La Iglesia no es la obra de un grupo de profesionales pagos, observada por cómodos espectadores. ¡NO!.

La Iglesia es la creación de Dios (Mateo 16:18) de un cuerpo “bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro” (Efesios 4:16).

¿Formas parte del cuerpo de Cristo?. ¡Estás en misión!.


¡Este es el corazón de Iglesia Bíblica Missio!.


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Luis Rodas y Luis Castro

Pastores Iglesia Bíblica Missio Córdoba



Córdoba Capital - Argentina

Gabriela Mistral 3562

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Iglesia Bíblica Missio 2016